¿Más de lo mismo?

Se le atribuye a Einstein una frase que reza más o menos así: “es absurdo hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”. Me refiero a diferentes propuestas económicas para salir de la crisis que he visto publicadas, seguramente con toda la buena fe.

Los controles de cambios que hemos hecho desde la IV república han sido estrepitosos fracasos. Desde el tristemente célebre Recadi, cuyos desafueros dejaron como resultado una enorme cantidad de capitales fugados y un “chino” preso. Pasando por Cadivi, que en ninguna de sus modalidades pudo impedir la fuga de capitales ni la utilización inapropiada de las divisas provenientes del petróleo. El control de cambios a través de Cencoex no corrió mejor suerte.

Las liberaciones del tipo de cambio con inyección de divisas provenientes de las exportaciones petroleras han sido y serán igualmente catastróficas. Debemos estar claros en que la inyección de las divisas petroleras sin control es como echar riqueza en saco roto. Mucho más en un escenario de guerra económica, de ataque frontal a la economía venezolana.

Es decir, la solución no parece ser ni control de cambios ni liberación del mercado cambiario. La economía ortodoxa no suele ver más allá de esta falsa dicotomía.

¿Qué hacer?

1) Seguro mató a confianza. En esta etapa de nuestro proceso histórico tenemos que adoptar mecanismos de anclaje monetario a valores de mercado “duros”, difíciles de manipular, como son los precios internacionales de los commodities; entendiendo como anclaje que la moneda compre, directa o indirectamente, nuestros commodities. No solamente porque opera una estrategia de destrucción de nuestra economía a través de la disolución de la moneda, sino porque la economía mundial se tambalea por estar basada en activos fiduciarios de toda índole, empezando por monedas fiat que muchos estados han emitido alegremente y culminando con la explosión de todo tipo de criptoactivo en el mundo. Me atrevo a vaticinar que los anclajes a commodities serán comunes en todas partes.

2) Adoptar mecanismos de transparencia. Quienes abogan por centralizar las importaciones en el Estado lo hacen pensando que el Estado puede hacer un uso racional de las divisas. Eso podría ser cierto si no hubiera corrupción o ineficiencia burocrática. La contraloría social sería una solución, pero necesitaría de acceso total a la información, es decir, transparencia. Quienes abogan por la liberación del tipo de cambio confían en que el sector privado hará un uso racional de las divisas. Eso podría ser cierto si nuestros empresarios fueran nacionalistas y si no hubiera guerra económica. La contraloría social con apoyo de una buena ley de control de capitales y un sistema judicial expedito serían una solución, pero necesitaría de acceso total a la información, es decir, transparencia. En otras palabras, sin transparencia no hay paraíso.

3) Entender y adoptar las nuevas tecnologías. He observado en muchos economistas un pánico casi irracional al mundo de la criptoeconomía. Una nueva camada de economistas vendrán del mundo de quienes dominen sistemas informáticos, sistemas distribuidos, técnicas de “big data”, inteligencia artificial, cadenas de bloques, algoritmos de consenso, en fin, las bases de la nueva economía digital. Igual que en el pasado tuvieron que entender la revolución industrial y el advenimiento de las corporaciones o compañías anónimas. Los planteamientos de la economía ortodoxa en términos de control de cambios vs liberación de cambios, dos mecanismos vinculados a las tecnologías del siglo pasado, pueden considerarse superados.

4) Crear leyes y fortalecer el sistema judicial para penalizar delitos monetarios sobre la base de la transparencia. Con transparencia, basada en el uso de las nuevas tecnologías, puede haber contraloría estatal y contraloría social. Pero de nada sirve identificar irregularidades cambiarias o especulativas si no está previsto el castigo. Las leyes deben ser particularmente severas en esta etapa de nuestro proceso histórico, como eran las leyes que promulgaba el Libertador Simón Bolívar durante la guerra de independencia. No puede haber impunidad para quienes juegan con las necesidades del pueblo.

5) Autofinanciarnos emitiendo y administrando nuestra propia deuda. Hemos oído decir de fuentes oficiales que el bloqueo económico nos ha impedido solicitar financiamiento para refinanciar la deuda. ¿Nuestra única opción es pedir préstamos en divisas extranjeras? ¿No es mejor emitir petros, es decir emitir nuestra propia deuda, pagadera en commodities en el futuro? La deuda derivada de la emisión de moneda es diferente de la deuda contraída como un préstamo de un Estado o un organismo multilateral. En caso de no cumplir los objetivos de generación de riqueza para pagarla, la primera se paga con devaluación de la moneda, la segunda se paga con las consecuencias internacionales de caer en un “default”. Ningún tipo de deuda nos exime de tener que incrementar la producción.

Podemos salir de la crisis en relativamente corto tiempo, pero no con más de lo mismo, sino por la vía de la innovación, el coraje y el objetivo claro de que la defensa de la moneda tiene como fin principal la defensa del salario y de los asalariados.

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