Modelo de negocio de la oposición venezolana

La oposición venezolana, como cualquier organización dominada por la extrema derecha en el mundo, actúa como una franquicia del capitalismo global. Tienen sus presupuestos, su contabilidad, sus activos y pasivos, sus estados de ganancias y pérdidas. Sus ingresos son las donaciones ilegales que reciben, sobre todo de instituciones de Estados Unidos y de millonarios en el extranjero. Sus egresos van a los intentos, casi siempre infructuosos, de lograr algún objetivo desestabilizador.

Siempre les quedan ganancias que invierten en viajes, restaurantes y, cómo no, en propiedades en el exterior. Seguramente estafan a sus financistas, guardándose algo de lo que les dan para ”tumbar a Maduro”.

El imperialismo se comporta así desde los niveles más altos. Donald Trump dijo desfachatadamente que han debido negociar con la oposición libia una ayuda militar a cambio del 50% de la producción petrolera. Dijo que una ayuda mayor implicaba que tenían que darles un porcentaje mayor. Ellos sacan sus cuentas: ¿la invasión y los bombardeos nos cuestan determinada cantidad? Bueno, el saqueo de riquezas posterior debe ser esa cantidad más la jugosa ganancia.

La oposición venezolana actúa en términos comerciales. El dinero que les ingresa, proveniente de sus financistas internacionales, se gasta según un plan de negocio. Por supuesto, tienen su departamento de ventas, así como de publicidad y mercadeo. Con dinero recibido previamente, sus ejecutivos de venta hacen viajes al exterior para buscar más dinero.

Los presupuestos que elaboran para sus felonías deben ser un “poema”. Gasto de tanto para pago de malandros guarimberos, tanto para soborno de militares y funcionarios, tanto para pago a medios de comunicación, tanto para viajes alrededor del mundo, tanto para los lujosos hoteles donde se hospedan. Tendrán una partida para “imprevistos”, un dinerito extra por si hay que pagar en un costoso restaurante las tertulias organizativas o los análisis posteriores de los desmanes que ejecutan.

Es un negocio redondo convencer a sus huestes para que salgan a la calle sin cobrar. La carne de cañón, los que reciben el humo de las bombas lacrimógenas, deben actuar sin cobrar, o el dinero no alcanzará para tantos viajes y propiedades.

Los financistas extranjeros actúan como fondos buitre o hedge funds. El capital que invierten es capital de riesgo, es decir, tienen pocas probabilidades de éxito pero altísimas ganancias si logran su cometido. Dan dinero para actos violentos de la oposición, que casi siempre fracasan, pero tienen la promesa de los líderes opositores de que si en uno de los intentos logran derrocar a Maduro, les darán tal o cual mega negocio en exclusividad.

La derecha venezolana no tiene ideología sino intereses, no tiene proyecto político sino modelo de negocio. Si no fuera un negocio tan lucrativo a nivel personal, los políticos de la oposición estarían retirados, seguramente despotricando de la Revolución desde el exilio.

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